Y le preguntamos al Profesor por qué no traducía la canción al inglés, para que la gente común pudiera entenderla y comprobar cómo era una verdadera canción cómica.
Entonces el señor Slossenn Boschen se levantó y se puso hecho una fiera. Nos insultó en alemán (idioma que, a juzgar por lo que vi, debe de ser singularmente eficaz para tal fin), y bailó, y agitó los puños, y nos dijo todo el inglés que sabía. Dijo que jamás en toda su vida le habían insultado tanto.
Parece que la canción no era una canción cómica en absoluto. Trataba sobre una joven que vivía en las montañas del Harz, y que había entregado su vida para salvar el alma de su amante; y él murió, y se encontró con el espíritu de ella en el aire; y luego, en la última estrofa, abandonó al espíritu de ella, y continuó con otro espíritu—no estoy muy seguro de los detalles, pero era algo muy triste, lo sé. Herr Boschen dijo que la había cantado una vez ante el Emperador alemán, y él (el Emperador alemán) había sollozado como un niño pequeño. Él (Herr Boschen) dijo que generalmente se reconocía como una de las canciones más trágicas y patéticas de la lengua alemana.
Era una situación difícil para nosotros, muy difícil. Parecía no haber respuesta. Buscamos por todas partes a los dos jóvenes que habían hecho semejante cosa, pero habían abandonado la casa de manera poco ostentosa inmediatamente después de terminar la canción.
Eso fue el fin de aquella fiesta. Jamás vi una fiesta disolverse de manera tan silenciosa y con tan pocos remilgos. Ni siquiera nos dijimos buenas noches los unos a los otros.
Bajamos las escaleras de uno en uno, caminando despacio y manteniéndonos en el lado de la sombra. Le pedimos al sirviente nuestros sombreros y abrigos en un susurro, abrimos la puerta por nuestra cuenta, nos deslizamos hacia afuera y doblamos la esquina rápidamente, evitándonos los unos a los otros tanto como fuera posible.