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nydus/Three Men in a BoatPublic
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XVIII

«Miren su barco, señor; ustedes, los de las gorras rojas y negras. Los dos cadáveres que van a salir en esa foto van a ser los de ustedes, si no se apuran».

Miramos entonces y vimos que la proa de nuestra barca se había quedado enganchada bajo la estructura de madera de la esclusa, mientras el agua entraba y subía por todas partes, inclinándola hacia arriba. En otro momento habríamos volcado.

Con la rapidez del pensamiento, cada uno empuñó un remo, y un golpe vigoroso contra la pared de la esclusa con los mangos liberó la embarcación y nos hizo caer de espaldas.

No salimos bien parados en aquella fotografía, George y yo. Por supuesto, como era de esperar, nuestra suerte dispuso que el hombre pusiera en marcha su maldito aparato en el preciso momento en que ambos estábamos tumbados de espaldas con una expresión desquiciada de «¿Dónde estoy? ¿Y qué es esto?» en el rostro, y nuestros cuatro pies agitándose locamente en el aire.

Nuestros pies eran indudablemente el artículo principal de aquella fotografía. En efecto, muy poca cosa más se alcanzaba a ver. Llenaban el primer plano por completo.

Detrás de ellos, se vislumbraban otros botes y trozos del paisaje circundante; pero todo y todos los demás en la esclusa parecían tan absolutamente insignificantes y mezquinos en comparación con nuestros pies, que toda la demás gente se sintió bastante avergonzada de sí misma y se negó a suscribirse a la foto.

The owner of one steam launch, who had bespoke six copies, rescinded the order on seeing the negative. He said he would take them if anybody could show him his launch, but nobody could. It was somewhere behind George’s right foot.

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