Dijo, sin embargo, que tenía que beber algo, y se subió al asiento para inclinarse a coger la botella.
Estaba justo en el fondo de la cesta, y parecía difícil de encontrar, así que tuvo que inclinarse cada vez más y, al intentar timonear al mismo tiempo desde una perspectiva patas arriba, tiró de la cuerda equivocada y metió la barca en la orilla; el impacto lo desequilibró y se dio de cabeza directo contra la cesta, donde quedó plantado haciendo el pino, agarrado a los lados de la barca como si le fuera la vida en ello, con las piernas apuntando al aire.
No se atrevía a moverse por miedo a volcar, y tuvo que quedarse así hasta que pude agarrarle las piernas y sacarlo a rastras, lo cual lo puso más furioso que nunca.