Miró al caniche, erguido y altanero, a su izquierda. Entonces, sin una sola palabra de advertencia, sin la sombra de una provocación, mordió la pata delantera izquierda de aquel caniche, y un aullido de agonía resonó en las tranquilas sombras de aquel vestíbulo.
El resultado de su primer experimento le pareció altamente satisfactorio, y decidió continuar y animar el cotarro por todas partes.
Saltó por encima del caniche y atacó enérgicamente a un collie, y el collie se despertó y comenzó inmediatamente una feroz y ruidosa pelea con el caniche.
Luego, Foxey regresó a su propio sitio, agarró al bulldog por la oreja e intentó tirarlo lejos; y el bulldog, un animal curiosamente imparcial, fue a por todo lo que pudo alcanzar, incluido el conserje del vestíbulo, lo que le dio a aquel querido terrier pequeño la oportunidad de disfrutar de una pelea propia e ininterrumpida con un chucho de Yorkshire igualmente dispuesto.