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nydus/Three Men in a BoatPublic
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XV. Household duties

Me gusta ver remar a un viejo barquero, especialmente a uno que ha sido contratado por horas.

Hay algo tan bellamente tranquilo y sosegado en su método. Está tan libre de esa prisa inquietante, de ese esfuerzo vehemente, que cada día se convierte más y más en la ruina de la vida del siglo diecinueve.

No se está esforzando eternamente por adelantar a todas las demás barcas. Si otra barca lo alcanza y lo pasa, eso no lo molesta; de hecho, todas lo alcanzan y lo pasan⁠—todas las que van en su misma dirección.

Esto perturbaría e irritaría a cierta gente; la sublime ecuanimidad del barquero contratado ante tal prueba nos ofrece una hermosa lección contra la ambición y la presunción.

El remo puramente práctico, del tipo de hacer avanzar la embarcación, no es un arte muy difícil de adquirir, pero requiere bastante práctica antes de que un hombre se sienta cómodo al pasar remando junto a unas chicas. Es el «compás» lo que preocupa a un novato.

«Es divertidísimo —dice, mientras por vigésima vez en cinco minutos enreda sus remos con los tuyos—; ¡puedo arreglármelas muy bien cuando estoy solo!».

Ver a dos novatos intentar compasar el uno con el otro es muy divertido. Proa encuentra imposible seguirle el ritmo a marca, porque marca rema de un modo extraordinario.

Marca se muestra sumamente indignado por esto, y explica que lo que lleva intentando hacer durante los últimos diez minutos es adaptar su método a la limitada capacidad de proa. Proa, a su vez, se ofende entonces, y le pide a marca que no se preocupe por él (proa), sino que dedique su mente a marcar un ritmo sensato.

—O ¿tomo la estroca? —añade, con la evidente idea de que eso arreglaría el asunto de inmediato.

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