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nydus/Three Men in a BoatPublic
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XIX

George nos habló de un conocido suyo que había subido por el río dos años atrás y que había dormido a la intemperie en una barca húmeda en una noche exactamente igual a aquella; aquello le había provocando unas fiebres reumáticas, no hubo nada que pudiera salvarlo y murió diez días después entre terrible agonía. George contó que era un muchacho muy joven y que estaba comprometido para casarse. Dijo que era uno de los casos más tristes de los que había tenido noticia.

Y eso le hizo recordar a Harris a un amigo suyo que había estado en los Voluntarios, y que había dormido a la intemperie bajo una tienda de campaña una noche lluviosa en Aldershot, «en una noche exactamente igual a esta», dijo Harris; y se había despertado por la mañana convertido en un inválido para el resto de su vida.

Harris dijo que nos presentaría a ambos al hombre cuando volviéramos a la ciudad; se nos encogería el corazón al verlo.

Esto condujo de forma natural a una agradable charla sobre la ciática, las fiebres, los escalofríos, las enfermedades pulmonares y la bronquitis; y Harris comentó lo muy incómodo que sería si a uno de nosvillanos le diera una enfermedad grave por la noche, viendo lo lejos que estábamos de un médico.

Parecía haber un deseo de que algo jocoso siguiera a esta conversación, y en un momento de debilidad sugerí que George sacara su banjo y viera si podía ofrecernos una canción cómica.

Diré de George que no hubo que rogarle. No andaba con tonterías de haberse dejado la música en casa ni cosas por el estilo. Sacó enseguida su instrumento y se puso a tocar «Two Lovely Black Eyes».

Siempre había considerado que «Two Lovely Black Eyes» era una melodía más bien vulgar hasta aquella noche. La rica veta de tristeza que George extrajo de ella me sorprendió bastante.

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