casa. Podía observar la luz del sol hasta que algo sucediera. Harry se encargaría de que se levantara a tiempo para desayunar. Habría luz solar en el desayuno, en la habitación de abajo; y Harry y Gerald y los restos del descanso navideño. …
“Solo seguimos adelante por Elspeth”. ¿Cómo había podido irse a dormir anoche sin recordar eso?
Si Harry y Gerald consideraban que su matrimonio era un fracaso, era un fracaso. Tal vez fuera una fase pasajera y pensarían de otro modo más adelante. Pero habían hablado con tanta sencillez, como si fuera un hecho común conocido por todos… Habían conocido a tanta gente a estas alturas. Casi todos sus huéspedes habían estado casados y eran infelices. ¿Tal vez se debía a que casi todos eran gente de teatro?
Si Harry se hubiera quedado en Londres y no hubiera tenido que trabajar para ganarse la vida, ¿habría sido más feliz? No; allí abajo estaba más alegre; era aún más ella misma. Le divertía tener ataques de prisa y arreglar tres habitaciones pasada las diez de la noche. Ambos parecían llevar la casa como una especie de broma y seguían siendo totalmente ellos mismos. Tal vez eso fuera solo al hablar de ello, en Navidad, con ella. Desde luego, en plena temporada debía de ser horrible, como decía Harry, con la mejor parte de la casa abarrotada de desconocidos egoístas durante la mejor época del año; tanto que hacer por ellos todo el día que nunca había tiempo ni para bajar al mar. …
Los visitantes no pensaban en eso. Si se acordaban de su dueña de casa, eso les arruinaría su quincena de libertad. Las dueñas de casa debían ser viejas; a las que no les importara trabajar todo el día para otros y no ver nunca el mar. Harry era demasiado joven para ser dueña de casa… > las cortinas que se movían con suavidad volvieron a quedar planas contra la ventana por un momento, un velo de muselina fina que ocultaba el oro brillante y lo convertía en un tono uniforme en toda la habitación; un pequeño rectángulo de luz dorada y brumosa. Ni