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III

más*, pensó con tono casual. Después de lo de ayer, Eve se tomaría eso como una falta de interés en su presencia. ¿Y si era así? Había cambiado tanto que se la podía tratar sin miramientos, como a una igual… pero se excedía, pavoneándose, importándole más la idea de la independencia que el hecho en sí. Eso no la mantendría en marcha. No sería lo bastante fuerte como para sostener su independencia…

El sentimiento de triunfo exhalaba un fulgor aun mientras Miriam se acusaba a sí misma de crueldad al contemplar el agotamiento lánguido que había sobrevivido al día de descanso de Eve.

Pero no estaba sola en esto; la buena gente decente sentía una impaciencia secreta con los parientes que siempre amenazaban con venirse abajo y convertirse en un problema. Y Eve casi había dejado de ser pariente.

Al descender a la categoría de competidora ya no era una superior… era una inferior haciéndose pasar por un igual… eso era lo que los hombres querían decir en los periódicos.

Entonces no podía ser verdad. Había alguna otra explicación. Era porque estaba usando su independencia como una venganza por el pasado…

Lo que los hombres resentían era el reflejo repentino de su propio desapego por parte de mujeres que habían descubierto por sí mismas su secreto, y sabían qué incertidumbres se ocultaban tras él. Ella estaba resintiendo la independencia de Eve como lo haría un hombre.

Eve decía que ahora comprendía las cosas que en el pasado solo había admirado, y que no eran tan admirables, y que resultaban bastante fáciles de hacer. Pero mancillaba el descubrimiento al hacer alarde de él. Era tan evidente que era su tienda, y no ella, la que había entrado en la habitación y arruinado la mañana. Incluso ahora estaba pensando en la

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