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III

perfecto de entendimiento, de un lado a otro, sin obstrucción. Ningún cielo podría ser más maravilloso. La gente hablaba incesantemente porque en el silencio eran fantasmas. Una sola palabra proclamaba el secreto del universo… hay un nivel llano de inteligencia en toda la humanidad. Escuchaba maravillada mientras explicaba en voz alta que había aprendido la mayor parte de su francés leyendo una y otra vez, por el ritmo largo y uniforme de sus frases, un solo libro; que esta era la única manera honesta de adquirir un idioma. Era como el mar, cada frase una ola que entraba rodando, elevándose hasta que la luz brillaba a través de su cresta reluciente, cayendo, para dar paso a la siguiente ola que se acercaba, el significado congregándose, acumulándose, acercándose con cada ritmo de ascenso y caída; cada capítulo una marea renovada, repitiendo monótonamente a lo largo del libro en cada tono de luz y sombra la misma carga, el secreto de todo en el mundo.

“No sé apreciar estas preciosidades literarias; pero estoy bien seguro de que te equivocas al limitarte a este único libro francés. Esta filosofía mística es énervant. Hay muchos libros franceses que deberías leer antes que a este hombre. Balzac, por ejemplo”.

Ella quería explicar que antes leía novelas, pero que después de Emerson ya no lograban interesarle. Solo mostraban un lado de la gente, el exterior; si los mostraban a solas, era solo para explicar lo que sentían por los demás. Entonces él diría Levin, Levin. Pero ella no podía prestar atención a todo eso. Lo que había querido decir al principio, explicó ahora, era que su alemán, tan descuidado durante tanto tiempo, se iba reduciendo cada vez más, mientras que, de forma de lo más inoportuna, su fama de saber alemán crecía y crecía. El señor Wilson podría haber dicho eso.⁠ ⁠…

“El campo te está sentando de maravilla”.

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