La puerta se abrió de par en par para revelar a un mayordomo alto y de un atractivo resentido, junto al cual pasó ella con seguridad anunciando su cita, hacia un inmenso vestíbulo cuyas distancias conducían en todas direcciones a puertas que sugerían una variedad de interiores ajenos a su experiencia. La dejaron allí plantada. Alguien que había subido los escalones cuando se abría la puerta era conducido con rapidez a través del vestíbulo hacia la puerta central: un judío inglés anciano, bajo, rechoncho, pulido y adinerado, de pelo gris rizado y un andar ansioso, atareado y precipitado. Esta se abrió ante un murmullo de voces y la luz del interior recayó sobre una mesa situada justo afuera, cuya superficie rebosaba de relucientes sombreros de copa. Se estaba celebrando algún tipo de reunión de hombres. La mujer no participaba en ella. … ¿Había anticipado, antes de casarse, lo que sería —por mucho que se armara de desdén— respirar siempre la atmósfera del olvido religioso y social judío de las mujeres? ¿Acaso tenía alguna experiencia de las judías, de su sofocante y consciente feminidad, de su terrible aceptación de ser admitidas en la sinagoga por cortesía, apiñadas arriba en una galería sofocante, mientras los hombres abajo, bañados en luz, drapeados con el chal simbólico, agradecían a Dios en voz alta haberlos hecho hombres y no mujeres? ¿Había pensado en lo que debía de ser tener siempre a su lado una conciencia judía, ajena a su realidad, que creía en su propia existencia positiva y la veía como humana únicamente en su consagración a las relaciones?
El mayordomo que regresaba la condujo sin anunciarla a través de una puerta cercana a una estancia que se extendía vagamente a su alrededor en una penumbra profundizada por un único foco de luz rosada en el centro del espacio.
A través de un alto arco drapeado con cortinas alcanzó a vislumbrar, al avanzar, una inmensidad mayor, sombría en una penumbra intacta.
La señora Bergstein se había levantado para recibirla, con la cabeza oculta en la penumbra por encima de la luz de la lámpara, de modo que