sencillas. No me explico cómo la gente puede seguir adelante con tanta calma. A veces me parece que todo el mundo debería parar y hacer cosas totalmente distintas. Es una pesadilla, la forma en que ocurren las cosas. Quiero quedarme aquí, y sin embargo a menudo me pregunto si debo; si debo seguir haciendo esta clase de trabajo.
—Bueno, como digo, sé muy bien que el trabajo aquí deja muchas de sus capacidades desocupadas.
“No es eso. Me refiero a todo en general”.
“Pues bien—si se trata de una cuestión de bien y mal, supongo que la vida aquí, como cualquier otra, ofrece oportunidades para el ejercicio de las virtudes cristianas”.
Resignación; virtudes exhibidas deliberadamente cada día como las baratijas en una tiendecita; y el mundo marchando ahí fuera exactamente igual. Una especie de almoneda de mezquinas y pequeñas virtudes a cambio de respetabilidad y un sustento; el sustento obtenido mediante una cooperación amable con un mundo donde todo iba mal, convirtiendo las pequeñas virtudes en absurdidad; respetable absurdidad. Él no creía que la práctica de las virtudes cristianas en el vacío fuera suficiente. Pero había soltado una broma y esbozado su sonrisa. … No había respuesta en ninguna parte del mundo a la pregunta que había planteado. ¿Se acordaba de haber dicho que por qué no ibas a dedicarte a la dentistería? Pronto sería demasiado tarde para hacer cualquier cambio; ya no quedaba nada por hacer salvo quedarse y justificar las cosas … sería imposible andar trasteando en un gabinete con el pelo canoso; eso haría que la clientela pareciera de baja estofa. Todas las secretarias de dentista eran jóvenes. … El trabajo … nada salvo la vida que lo rodeaba por todas partes; la existencia de una sombra entre sombras inconscientes de su propia condición sombría, manteniendo en marcha un mundo donde había cosas, más que personas. La gente se movía soleada y próspera, pero