la primavera como tú?”
Miriam se levantó sin poder mirar; deseando haber venido sola; o no haber hablado. Las verdes perspectivas se movían a su alrededor, deslumbrantes bajo la inmensidad del cielo.
«Estoy perfectamente segura de que siempre sentiré la primavera; quizás cada vez más».
Escapó hacia un discurso irrelevante, apresurándose para que él oyera a medias hasta tener bien sujeto algún tema lejano; temiendo el sonido de su voz.
Los macizos de flores estaban a la vista, reluciendo en los huecos entre los troncos de los árboles a lo largo del ancho paseo... niños desharrapados gritaban y se perseguían alrededor de la fuente.
«Debo pensar siempre aquí», dijo mientras cruzaban la, puertecilla, «en este hombre que predica para la conversión de infieles, judíos, cristianos y otros incrédulos».