CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 270 de 312
Table of Contents

XI

ocultas y activas, en todas las clases sociales de Inglaterra, una proporción mayor de personas que en cualquier otro país de su conocimiento, que quedaban fuera de su crítica.

Evitaba la casa, regresando únicamente cuando la hora justificaba una rápida retirada del recibidor a su habitación; la huida de la penumbrosa intimidad del salón desierto.

No volvería a soportar su proximidad hasta que el extranjero que había en él, sumergido cada día más profundamente en la fuente del sentimiento inglés, hubiese cambiado.

Cuando se quedaba sola, avanzaba, sin pensar, por un sendero que conducía hacia atrás, hacia un único recuerdo.

Muy lejos en la distancia, acercándose siempre, estaba la mañana de verano de su infancia, un permanente detenimiento inmóvil, al nivel de la brillantez de las cabezas de las flores inmóviles en el aire bañado de sol; ningún movimiento salvo el cernirse de las abejas.

Más allá de este recuerdo hacia el cual avanzaba cada día con más seguridad, se desplegaba una escena maravillosa. Y siempre con el despliegue de sus amplias perspectivas, llegaba un hálito embellecedor.

La sorpresa de su creciente belleza se vio mitigada por una repentina y curiosa indiferencia. Esos nuevos aires suyos no eran suyos. Traían consigo una extraña exposición pública. Sentía posados sobre ella los ojos complacientes y aprobatorios de mujeres a las que había despreciado con desdén, y en su propio rostro, el reflejo naciente de la sonrisa prudente y tan irritante de ellas.

Los reconoció, con un temor medio, pues ellos solos eran la compañía reunida a su alrededor mientras ella contemplaba la maravilla inaugural. Los reconoció como solitarios vagabundos sobre la tierra.

270