Stopford Brooke… dando una conferencia sobre Browning… dichosa cara de luna con un flequillo de pelo blanco, hablando y hablando, como canto y plegaria y política, el pasado y el presente manifestándose juntos, Browning en el centro de la vida y fuera de ella por todo el mundo, y vislumbrando el futuro. Citas perfectas, breves y extensas, y el final con la larga descripción de Pompilia… elevándose y extendiéndose y disipándose, sin terminar… destacando con vida en medio de un mundo todavía moldeado por las mismas verdades que continúan y continúan. «Una pieza de análisis maravillosa». Había estado esperando decirle eso al otro joven.
Presenta sus filosofías de vida, si es que las tenían, escribió; introduce citas. Pero no había tiempo; las citas tendrían que ser traducidas. No se podía hacer nada. El desastre estaba completamente dispuesto. No había responsabilidad. Juntó ordenadamente las páginas aceptadas y comenzó a introducir correcciones a lápiz.
… Las oraciones a lápiz formaban una agradable y errante decoración. Las primeras ya se habían olvidado y le resultaban extrañas. Al releerlas ahora, la sorprendían. ¿Cómo se le habían ocurrido? No se le habían ocurrido. Había estado siguiendo muy de cerca algo, y ellas habían acudido, silenciosamente, en medio de aquel arrobamiento; pero eran como una fotografía, graciosas en su parecido absurdo, colocadas allí, una al lado de la otra, con la fotografía del señor Lahitte.
Estaban vivas, con seriedad, a la manera de su yo más serio. Eran una curiosa maravilla, una revelación plasmada irrevocablemente, que reflejaba cierto tipo de carácter … más de uno mismo que cualquier cosa que pudiera hacerse en sociedad, junto a otros, y sin embargo no era ella en absoluto, sino algo misterioso, extraído sin cálculos de algún fondo de consenso común, parte de una vida impersonal y separada que ahora había confesado inconscientemente compartir.