Era, pensó, observando de forma profética su gloriosamente inevitable recuperación, en parte su resentimiento inconsciente por el golpe que ella había propinado a su buena entente lo que le había hecho declarar repetidas vez que, si volvían a empezar, debía ser sobre nuevas bases; que toda posibilidad de espontaneidad entre ellos había quedado destruida.
¿Cómo podía ser, si los acontecimientos de la vida cotidiana la construían perpetuamente de nuevo?