CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 187 de 312
Table of Contents

V. El hechizo de la mesa manchada de tinta

Durante días leyó los dos primeros relatos del librito, llevándolo a todas partes consigo, inquieta entre sus cartas y libros de contabilidad a menos que lo tuviera a la vista. El proyecto de traducción se desvanecía en una contemplación embelesada y cercana de cierta cualidad extraña que emanaba cada vez de la página impresa. No lograba aprehenderla ni ponerle nombre. Ambos cuentos eran tristes, con una tristeza implacable y sin paliativos, que proyectaba una sombra sobre el espectáculo de la vida. Pero algún sortilegio en su tejido, algo abrupto y extrañamente vivo, que seguía vivo en el texto, creaba una belleza que sobrevivía a la tristeza. Eran hermosos. Los ingleses no lo pensarían así. Solo verían una tragedia de un tipo que no ocurría en la sociedad que conocían. Considerarían a Andráyev un extranjero enfermizo, y el gusto por los relatos, una pose malsana. Muy bien. Era una pose malsana. La extraña belleza de aquellas oraciones tan conocidas que, sin embargo, resultaban siempre frescas y sorprendentes, era un secreto incompartible. Entre tanto, la presencia del librito exorcizaba la sensación cotidiana de que los días transcurrían en un círculo de trabajo elaborado e inmutable.

A Michael Shatov le derramaba un entusiasmo incoherente. Traduce, traduce, le gritaba él; y cuando ella le aseguraba que nadie querría leerlo, él decía, cada vez, no importa; este trabajo te hará bien. Pero cuando por fin de repente, a mitad de

187