sillón de en frente. Era transparente hasta el fondo; libre de la carga de los espectros de la crueldad recordada. … Pero también había algo más que era distinto … una posición holgada; la certeza, desde el principio, de la autorrealización. …
“Quizás alguien en la casa pueda decírselo”.
Oh, estupidez; soltar cualquier cosa para esconderse detrás del sonido de las voces.
“Es posible. Pero es un asunto delicado. No podría, por ejemplo, mencionarle este asunto a la señora Bailey.”
“¿Te gusta? ¿No te pareció que estaba entre esos hombres horribles que parecen monos?”
“En este café de Viena. Ah, en verdad es espantoso ahí arriba”.
“Él es muy guapo.”
“Los polacos son tal vez el más hermoso de los pueblos europeos. Tienen además un valor inmenso”... rostro pensativo y confiado que habla, levantándola y sacándola de nuevo a la luz y al aire. … “Pero el polaco es sin duda el tipo más traicionero de Europa”. Unos ojos serios y vivos la miraron de reojo con soltura, dando esbeltez a la figura reclinada. “Posee al mismo tiempo una mentalidad de lo más distinguida”. ¿Por qué alguien habría de ayudar a una mentalidad distinguida a seguir siendo traicionera? … “Y esto es particularmente cierto en el caso del judío polaco. Hay en todas las universidades europeas, entre los profesores y estudiantes más distinguidos, una gran cantidad de judíos polacos”. Le Juif Polonais... Las campanas. Era extraño pensar en los judíos polacos siguiendo adelante en la vida cotidiana moderna. … Pero si los polacos eran tan malvados. … Esa era la expresión del doctor Veslovsky. Maldad fría.
“Hubo una cosa horrible la semana pasada en Woburn Place”.