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III

El habla les hacía algo a las cosas; las metía en un molde propenso a resurgir; repetida, estaría muerta; ¿pero tal vez uno jamás necesitaba repetirse?

Decir las mismas cosas a personas diferentes les daría una especie de vida nueva; pero habría muerte en uno mismo al hablar.

Tal vez se pudiera decir la misma cosa una y otra vez, con otras cosas acompañándola, de modo que tuviera otra forma, cantara otra canción y riera rodeada de sí misma entre cosas distintas.

Intoxicación⁠ ⁠… una intoxicación permanente dentro y fuera de la vida, todo el tiempo con una reserva cada vez mayor de buenas ideas sobre las cosas; con el tiempo, sobre todo.

Una ligera intoxicación la comenzó, haciendo posible mirar las cosas desde la distancia, en totalidades separadas y hacer descubrimientos sobre ellas.

Era estar en otra parte, y de repente alzar la vista, desde la plenitud, hacia cosas distantes, lo que traía sus significados y las palabras justas.

“Pero debes terminar de inmediato. Van a cerrar. Ya es medianoche”.

No importaba. Nada había llegado a su fin. Nada volvería a llegar a su fin jamás.⁠ ⁠… Ella pasó, hablando con énfasis, hacia la amplia y penumbrosa calle del este, llena de cielo, y caminó ajena al cansancio, arrastrando al señor Shatov en su inmersión más vertiginosa, milla tras milla, en línea recta hacia el oeste por la avenida que se abría de su nueva y permanente libertad de circunstancias. De detalle en detalle, arrebatada con rapidez por el más tenue hilo de coherencia, avanzaba en una charla fácil y enfática, cubriendo el brillante e interminable horizonte de su contemplación, con la voz viva, vibrante de gozosa gratitud, temblando de vez en cuando a medida que avanzaba, poseída y controlada por la

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