que brotan del fuerte sentimiento de la naturaleza rusa ante todas estas influencias circundantes; cada palabra abre todo un aperçu en este sentido… y lo que es más significativo es la gran riqueza, en Rusia, de la lengua popular; no hay otra lengua popular semejante; no hay en ningún idioma una variedad tan inmensa de diminutivos tiernos y expresiones íntimas de todas las cosas naturales. Ninguna es tan rica en sonido ni tan maravillosamente poderosa en colorido… Eso es el ruso. Parte de la razón se encuentra sin duda en el inmenso paysage; Rusia es tan vasta; es inconcebible para cualquiera que no sea ruso. También está la explicación etnológica, el vigor inmenso del pueblo”.
Miriam avanzó como en un sueño. A medida que la voz del señor Shatov continuaba, olvidó todo excepto la necesidad de luchar hasta el extremo contra aquel silencioso y extraño ataque al inglés; la doble línea de evidencia parecía tan convincente y era por el momento irrebatible desde cualquier rincón de su pequeño caudal de conocimientos; pero tenía que haber una respuesta; mientras tanto, la sugerencia de que la inmensa variedad del inglés se debía en parte a su incomparable colección de términos técnicos, derivados de la ciencia, el comercio y los deportes ingleses, «todas las maniobras de la vida práctica», prometía una vibrante reflexión, más adelante.
Pero en algún lugar más allá de su resentida indignación, se descubrió a sí misma extendiéndose sin resentimiento hacia algo muy lejano, y a medida que la voz continuaba, sintió el toque de una nueva y extraña presencia en su Europa. Escuchaba, mirando fijamente, a lo lejos, sin oír ya más que una voz, que avanzaba sin un significado conectado. …
Lo extraño que la había rozado estaba en alguna parte dentro de la voz; el sonido de Rusia. Mucho más extraño, mucho más amplio y profundo que el sonido del alemán o el francés o cualquiera de las