No. 7. ¿Quién diablos podría ser el No. 7? ¿Estaría, tal vez, en la casa en ese mismo minuto? Disfrazado de criado. No podía ser, sin duda, uno de los invitados. No, eso era imposible. Pero claro, todo aquello era imposible. Si no hubiera creído que Bundle era esencialmente veraz, bueno, habría pensado que se lo había inventado todo.
Bostezó. Qué extraño, tener sueño y, al mismo tiempo, estar tenso. Volvió a mirar el reloj. Faltaban diez minutos para las dos. El tiempo avanzaba.
Y entonces, de repente, contuvo la respiración y se inclinó hacia adelante, escuchando. Había oído algo.
Los minutos pasaban …
Ahí estaba otra vez. El crujido de una tabla … Pero provenía de algún lugar de la planta baja.
¡Ahí estaba otra vez! Un crujido leve y ominoso. Alguien se movía furtivamente por la casa.
Jimmy se puso en pie sin hacer el menor ruido.
Se deslizó sigilosamente hasta el cabecero de la escalera.
Todo parecía perfectamente tranquilo. Sin embargo, estaba completamente seguro de haber oído en verdad aquel sonido furtivo. No era imaginación.
Muy silenciosa y cautelosamente bajó sigilosamente por la escalera, aferrando a Leopoldo con fuerza en su mano derecha. Ni un solo sonido en el gran vestíbulo. Si había estado en lo cierto al suponer que el sonido sordo provenía directamente de debajo de él, entonces tenía que haber venido de la biblioteca.