civilización; quiso civilizarlo cuando solo necesitaba endurecimiento. Su primer deseo fue hacer alemanes o ingleses, cuando debió haber hecho rusos; y evitó que sus súbditos llegaran a ser jamás lo que habrían podido ser al persuadirlos de que son lo que no son. Del mismo modo, un maestro francés convierte a su discípulo en un niño prodigio, para que el resto de su vida no sea absolutamente nada. El imperio de Rusia aspirará a conquistar Europa y será él mismo conquistado. Los tártaros, sus súbditos o vecinos, se convertirán en sus amos y en los nuestros, mediante una revolución que considero inevitable. En verdad, todos los reyes de Europa están trabajando de común acuerdo para acelerar su llegada.
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VIII. El Pueblo
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