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nydus/The Social ContractPublic
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IV. Esclavitud

La tranquilidad se encuentra también en las mazmorras; pero ¿basta eso para hacerlas deseables para vivir en ellas? Los griegos encerrados en la cueva del Ciclón vivían allí muy tranquilamente, mientras esperaban su turno para ser

Decir que un hombre se da gratuitamente es decir algo absurdo e inconcebible; tal acto es nulo e ilegítimo, por el solo hecho de que quien lo hace está fuera de sus juicio.

Decir lo mismo de un pueblo entero es suponer un pueblo de locos; y la locura no produce ningún derecho.

Aun si cada hombre pudiera enajenar su propia persona, no podría enajenar a sus hijos: ellos nacen hombres y libres; su libertad les pertenece, y nadie más que ellos tiene derecho a disponer de la misma.

Antes de llegar a la edad de la razón, el padre puede, en nombre de ellos, estipular condiciones para su conservación y su bienestar, pero no puede darlos de manera irrevocable y sin condiciones: semejante donación es contraria a los fines de la naturaleza y excede los derechos de la paternidad.

Sería preciso, por tanto, para legitimar un gobierno arbitrario, que en cada generación el pueblo estuviera en situación de aceptarlo o rechazarlo; pero, de ser así, el gobierno dejaría de ser arbitrario.

Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos de la humanidad y incluso a sus deberes. Para aquel que renuncia a todo no hay indemnización posible. Semejante renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre; despojar a la voluntad de toda libertad es despojar a las acciones de toda moralidad. En fin, es una convención vana y contradictoria estipular, por un lado, una autoridad absoluta y, por el otro, una obediencia sin límites.

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