La ventaja del gobierno tiránico radica, por tanto, en actuar a grandes distancias. Con la ayuda de los puntos de apoyo que establece, su fuerza, al igual que la de la palanca, crece con la distancia. La fuerza del pueblo, en cambio, solo actúa cuando está concentrada: al extenderse, se disipa y se pierde, como la pólvora esparcida por el suelo, que solo prende grano a grano. Los países menos poblados son así los más aptos para la tiranía: los animales feroces solo reinan en los desiertos.
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VIII. Que todas las formas de gobierno no convienen a todos los países
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