Todo poder viene de Dios, lo reconozco; pero también toda enfermedad: ¿significa eso que se nos prohíbe llamar al médico? Un bandido me sorprende al borde de un bosque: ¿no debo limitarme a entregar mi bolsa por la fuerza, sino que, aun pudiendo retenerla, estoy obligado en conciencia a cederla? Pues ciertamente la pistola que empuña es también un poder.
Convengamos, pues, en que la fuerza no hace el derecho, y en que no estamos obligados a obedecer sino a los poderes legítimos. En tal caso, mi pregunta original resurge.