Que Siempre Debemos Volver a una Primera Convención
Aun si concediera todo lo que he venido refutando, los amigos del despotismo no saldrían ganando.
Siempre habrá una gran diferencia entre someter a una muchedumbre y regir una sociedad.
Aun si individuos dispersos fueran esclavizados sucesivamente por un hombre, por numerosos que pudiesen ser, sigo sin ver en ello más que a un amo y a sus esclavos, y ciertamente no a un pueblo y a su jefe; veo lo que se puede llamar una agregación, mas no una asociación; no hay aún ni bien público ni cuerpo político.
Dicho hombre, aun cuando hubiese esclavizado a medio mundo, no es sino un particular; su interés, separado del de los demás, no deja de ser un interés puramente privado.
Si este mismo hombre llega a morir, su imperio, tras él, permanece disperso y sin unidad, como una encina se desploma y se disuelve en un montón de cenizas después de que el fuego la ha consumido.
Un pueblo, dice Grocio, puede entregarse a un rey. Según Grocio, pues, un pueblo es un pueblo antes de entregarse. El don es en sí mismo un acto civil e implica una deliberación pública.