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nydus/The Social ContractPublic
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VII. El soberano

como ciudadano. Su interés particular puede hablarle de muy distinta manera que el interés común: su existencia absoluta y naturalmente independiente puede hacerle considerar lo que debe a la causa común como una contribución gratuita, cuya pérdida hará menos daño a los demás de lo onerosa que le es a él la paga; y, considerando a la persona moral que constituye el Estado como una persona ficta, por no ser un hombre, puede querer gozar de los derechos de ciudadano sin estar dispuesto a cumplir los deberes de súbdito. La persistencia de semejante injusticia no podría menos que acarrear la ruina del cuerpo político.

A fin de que el pacto social no sea, pues, una fórmula vacía, incluye tácitamente este compromiso, que por sí solo da fuerza a los demás: que quienquiera que se niegue a obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo.

Esto no significa otra cosa sino que se le forzará a ser libre; pues tal es la condición que, al entregar cada ciudadano a su patria, lo garantiza de toda dependencia personal.

En esto radica la clave del funcionamiento de la máquina política; esto solo legitima los compromisos civiles, los cuales, sin ello, serían absurdos, tiránicos y propensos a los abusos más espantosos.

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