efecto de la fuerza o el derecho del primer ocupante, de la propiedad, que solo puede fundarse en un título positivo.
Podríamos, además de todo esto, añadir a lo que el hombre adquiere en el estado civil la libertad moral, que es la única que le hace verdaderamente dueño de sí mismo; pues el impulso del mero apetito es esclavitud, en tanto que la obediencia a la ley que nos hemos prescrito a nosotros mismos es libertad.
Pero ya he dicho demasiado sobre este punto, y el sentido filosófico de la palabra libertad no nos concierne ahora.