Que la voluntad general es indestructible
En tanto que varios hombres reunidos se consideran como un solo cuerpo, no tienen más que una sola voluntad que se refiere a su conservación común y al bienestar general.
En este caso, todos los resortes del Estado son vigorosos y sencillos, y sus reglas son claras y luminosas; no hay enredos ni conflictos de intereses; el bien común se muestra por todas partes con evidencia, y para percibirlo no hace falta sino buen sentido.
La paz, la unidad y la igualdad son enemigas de las sutilezas políticas. Los hombres rectos y sencillos son difíciles de engañar a causa de su sencillez; los señuelos y los pretextos ingeniosos no logran imponerse ante ellos, y ni siquiera son lo suficientemente astutos como para ser engañados.
Cuando entre el pueblo más feliz del mundo se ven bandas de campesinos regulando los asuntos del Estado bajo una encina y obrando siempre con sabiduría, ¿cómo se puede evitar despreciar los ingeniosos métodos de otras naciones, que se hacen ilustres y desgraciadas con tanto arte y misterio?
Un Estado así gobernado necesita muy pocas leyes; y, a medida que resulta necesario promulgar otras nuevas, la necesidad se advierte universalmente. El primero en proponerlas se limita a decir lo que todos ya han sentido, y no hay necesidad de facciones, intrigas o elocuencia para lograr que se