antinatural, entre lo bueno y lo malo. Se limita a utilizar una sola idea, exponiéndola con la mayor fuerza posible y pasando por alto
El primer Discurso es importante no por ninguna doctrina positiva que contenga, sino como clave para el desarrollo de la mente de Rousseau. Aquí lo vemos al comienzo del largo viaje que habría de conducirlo por fin a la teoría del Contrato social.
En 1755 apareció el «Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres». Con este ensayo, Rousseau había competido sin éxito en 1753 por un segundo premio ofrecido por la Academia de Dijon, y ahora lo publicaba precedido por una larga Dedicatoria a la República de Ginebra.
En esta obra, que Voltaire, al agradecerle un ejemplar de cortesía, calificó de su «segundo libro contra el género humano», su estilo y sus ideas han avanzado enormemente; ya no se conforma meramente con llevar una sola idea hasta los extremos: aun conservando la amplia oposición entre el estado de naturaleza y el estado de sociedad, que recorre toda su obra, se preocupa por presentar una justificación racional de sus puntos de vista y por admitir que, al menos, algo se puede decir del otro lado.
Además, la idea de «naturaleza» ya ha experimentado un gran desarrollo; ya no es una oposición vacía a los males de la sociedad; posee un contenido positivo. Así, la mitad del «Discurso sobre la desigualdad» está ocupada por una descripción imaginaria del estado de naturaleza, en el que se muestra al hombre con ideas limitadas al más estrecho margen, con poca necesidad de sus semejantes y escasa preocupación más allá de la provisión para las necesidades del momento. Rousseau declara explícitamente que no supone que el «estado de naturaleza» haya existido jamás: es una pura «idea de la razón», un