Las Primeras Sociedades
La más antigua de todas las sociedades, y la única que es natural, es la familia: y aun así los hijos solo permanecen unidos al padre mientras lo necesitan para su conservación.
Tan pronto como esta necesidad cesa, el vínculo natural se disuelve. Los hijos, liberados de la obediencia que debían al padre, y el padre, liberado de los cuidados que debía a sus hijos, regresan igualmente a la independencia.
Si continúan unidos, ya no lo hacen de manera natural, sino voluntaria; y la familia misma se mantiene entonces únicamente por convención.
Esta libertad común resulta de la naturaleza del hombre. Su primera ley es velar por su propia conservación, sus primeros cuidados son los que se debe a sí mismo; y, tan pronto como llega a la edad de la razón, es el único juez de los medios adecuados para conservarse y, por consiguiente, se convierte en su propio amo.
La familia puede llamarse entonces el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe corresponde al padre, y el pueblo a los hijos; y todos, habiendo nacido libres e iguales, enajenan su libertad solo por su propia utilidad.
La única diferencia es que, en la familia, el amor del padre por sus hijos le compensa por los cuidados que les presta, mientras que, en el Estado, el placer de mandar suplanta el amor que el jefe no puede tener por los pueblos que gobierna.