Qué dificultades no se supondría que se interponen en el camino de la frecuente asamblea de la vasta población de esta capital y sus vecindades.
Sin embargo, pocas semanas pasaban sin que el pueblo romano estuviera reunido, e incluso lo estuviera varias veces. Ejercía no solo los derechos de la Soberanía, sino también una parte de los del gobierno. Trataba ciertos asuntos y juzgaba ciertos casos, y este pueblo entero se encontraba en la plaza pública casi tan a menudo como magistrados que como ciudadanos.
Si volviéramos a la historia más remota de las naciones, hallaríamos que la mayoría de los gobiernos antiguos, incluso los de forma monárquica, como el macedonio y el franco, tenían consejos semejantes.
En cualquier caso, el hecho indiscutible que he aportado es una respuesta a todas las dificultades; es buena lógica razonar de lo actual a lo posible.