XXIX. En las ciencias fundadas en opiniones y dogmas, es correcto hacer uso de las anticipaciones y de la lógica si queréis forzar el asentimiento antes que las cosas.
XXX. Si todas las capacidades de todas las épocas se unieran, combinaran y transmitieran sus labores, no se logrará un gran progreso en el saber mediante anticipaciones, porque los errores radicales, y aquellos que ocurren en el primer proceso de la mente, no se curan con la excelencia de los medios y remedios posteriores.
XXXI. Es en vano esperar gran progreso en las ciencias superinduciendo o injertando nuevas materias sobre las viejas. Debe hacerse una instauración desde los cimientos mismos, si no queremos girar para siempre en círculo, haciendo tan solo algún progreso leve y despreciable.
XXXII. Los autores antiguos y todos los demás quedan en indiscutida posesión de sus honores; pues no entramos en comparación de capacidad o talento, sino de método, y asumimos el papel de guía más que el de crítico.
XXXIII. Para hablar sin ambages, no puede formarse un juicio correcto ni de nuestro método ni de sus descubrimientos mediante las anticipaciones que hoy están en uso común; pues no se nos puede exigir que nos sometamos al juicio del método mismo que nosotros impugnamos.
XXXIV. Tampoco es asunto fácil exponer y explicar nuestros sentimientos; pues aquellas cosas que son en sí mismas nuevas solo pueden comprenderse, no obstante, a partir de cierta analogía con lo viejo.
XXXV. Alejandro Borgia7 decía de la expedición de los franceses a Italia que venían con tiza en las manos para marcar sus alojamientos, y no con armas para abrirse paso a la fuerza. Así también deseamos nosotros que