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Aforismos—Libro I Sobre la interpretación de la naturaleza y el imperio del hombre

Tampoco hay que poner mucho énfasis en su frecuente recurso a la experimentación en sus libros sobre los animales, sus problemas y otros tratados; pues ya había decidido, sin haber consultado adecuadamente a la experiencia como base de sus decisiones y axiomas, y habiendo decidido así, arrastra a la experiencia como a una cautiva obligada a acomodarse a sus decisiones: de modo que se le debe culpar aún más que a sus seguidores modernos (de la escuela escolástica), quienes la han abandonado por completo.

LXIV. La escuela empírica produce dogmas de una naturaleza más deforme y monstruosa que la escuela sofista o teórica; por no estar fundada en la luz de las nociones comunes (las cuales, por pobres y supersticiosas que sean, son no obstante en cierto modo universales y de tendencia general), sino en la oscura estrechez de unos pocos experimentos. De ahí que esta especie de filosofía parezca probable y casi cierta a quienes se ejercitan a diario en tales experimentos, habiendo corrompido así su imaginación, pero increíble y fútil a los demás. Tenemos un claro ejemplo de esto en los alquimistas y sus dogmas; difícilmente se hallaría otro en esta época, a no ser quizá en la filosofía de Gilbert.27

No pudimos, sin embargo, dejar de advertir a los demás contra esta escuela, porque ya prevemos y auguramos que, si los hombres se sintieran en adelante inducidos por nuestras exhortaciones a aplicarse seriamente a los experimentos (despidiéndose de las doctrinas sofísticas), habrá entonces un peligro inminente por parte de los empíricos, debido a la prisa prematura y presuntuosa del entendimiento, y a su salto o vuelo hacia las generalidades y los principios de las cosas. Debemos, por consiguiente, salir ya al encuentro del mal.

LXV. La corrupción de la filosofía al mezclarla con la superstición y la teología es de mucha mayor extensión, y le resulta sumamente perjudicial, tanto en su conjunto como en sus partes. Pues el

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