realmente el caso.
Pues si se pregunta por qué los cielos giran de oriente a occidente, en lugar de de occidente a oriente, o por qué giran sobre polos situados cerca de la Osa, en lugar de alrededor de Orión o de cualquier otra parte del cielo, semejante cuestión parece ser absurda, ya que estos fenómenos deben ser aceptados como determinados y objetos de nuestra experiencia. Existen, en verdad, algunos fenómenos últimos y autosubsistentes en la naturaleza, pero los que acabamos de mencionar no deben ser referidos a esa clase: pues los atribuimos a cierta armonía y concordancia del universo, que todavía no ha sido observada adecuadamente.
Pero si se admite el movimiento de la tierra de oeste a este, se puede plantponer la misma cuestión, pues también debe girar en torno a ciertos polos, ¿y por qué habrían de estar situados donde están, en lugar de en otra parte? La polaridad y la variación de la aguja entran bajo nuestro epígrafe actual.
También se observa en los cuerpos, tanto naturales como artificiales, especialmente en los sólidos más que en los fluidos, una disposición y