Pero, en primer lugar, el número de edades queda reducido a muy estrechos límites, haciendo una consideración adecuada del asunto. Pues de veinticinco44 siglos, con los cuales la memoria y el saber del hombre están familiarizados, apenas seis pueden ser apartados y seleccionados como fértiles en ciencia y favorables a su progreso. Pues hay desiertos y yermos en los tiempos al igual que en los países, y solo podemos contar tres revoluciones y épocas de la filosofía. 1. La griega. 2. La romana. 3. La nuestra, esto es, la filosofía de las naciones occidentales de Europa: y apenas pueden asignarse con justicia dos siglos a cada una.
Las edades intermedias del mundo fueron desafortunadas tanto en la cantidad como en la riqueza de las ciencias producidas. Tampoco es necesario mencionar a los árabes, o a la filosofía escolástica, que, en aquellas edades, redujeron las ciencias mediante sus numerosos tratados, más de lo que aumentaron su peso. La primera causa, por tanto, de un progreso tan insignificante en las ciencias, se atribuye con razón a la pequeña proporción de tiempo que les ha sido favorable.
LXXIX. Se presenta una segunda causa, que es por cierto de la mayor importancia; a saber, que en aquellas mismas edades en las que el ingenio y la literatura de los hombres florecieron considerablemente, o incluso de manera moderada, se dedicó una parte muy pequeña de su esfuerzo a la filosofía natural, la gran madre de las ciencias. Pues todo arte y ciencia arrancados de esta raíz pueden, tal vez, ser pulidos y adquirir una forma útil, pero apenas pueden crecer. Es bien sabido que, una vez que la religión cristiana fue reconocida y llegó a su madurez, los mejores ingenios con mucho se ocuparon de la teología, donde se ofrecían las más altas recompensas y se brindaba abundantemente toda clase de asistencia, y cuyo estudio fue la ocupación principal de las naciones de la Europa occidental durante la tercera época; tanto más porque la literatura floreció alrededor del mismo tiempo en que las controversias relativas a la religión comenzaron a brotar.