son objetos de nuestros sentidos. La relativa rareza de los elementos (como se les llama) se hace variar arbitrariamente en progresión decupla, junto con muchos otros sueños de la misma naturaleza.14
Tampoco esta locura se limita a las teorías, sino que se encuentra incluso en las nociones más simples.
XLVI. El entendimiento humano, una vez que se le ha propuesto una proposición (bien por admisión y creencia general, bien por el agrado que proporciona), obliga a todo lo demás a añadirle nuevo apoyo y confirmación; y aunque existan instancias de lo contrario de lo más concluyentes y abundantes, o bien no las observa, o bien las desprende o rechaza mediante alguna distinción, con un prejuicio violento y dañino, antes que sacrificar la autoridad de sus primeras conclusiones.
Bien respondió aquel15 a quien, habiéndole mostrado en un templo los exvotos colgados por quienes habían escapado del peligro del naufragio, le instaron a que reconociera entonces el poder de los dioses con esta pregunta: Pero ¿dónde están los retratos de los que perecieron a pesar de sus votos?
Toda la superstición es muy semejante, ya sea la de la astrología, los sueños, los augurios, el juicio retributivo o cosas por el estilo, en todas las cuales los engañados creyentes observan los acontecimientos que se cumplen, pero descuidan y pasan por alto su fracaso, aunque este sea mucho más común.
Pero este mal se insinúa todavía con mayor astucia en la filosofía y las ciencias, en las que una máxima establecida vicia y gobierna cualquier otra circunstancia, aunque esta última sea mucho más digna de confianza. Además, aun en ausencia de ese afán y falta de reflexión (que hemos mencionado), constituye un error peculiar y perpetuo del entendimiento humano el dejarse mover y excitar más por las afirmaciones que por las negaciones, cuando debería obrar con debida y