Hay otros filósofos que han atendido con diligencia y precisión a unos pocos experimentos, y de ahí han presumido deducir e inventar sistemas de filosofía, conformando todo a la medida de estos.
Un tercer grupo, a partir de su fe y veneración religiosa, introduce la teología y las tradiciones; la absurdidad de algunos de entre ellos ha llegado al extremo de buscar y derivar las ciencias de espíritus y genios.
Existen, por lo tanto, tres fuentes de error y tres especies de falsa filosofía: la sofista, la empírica y la supersticiosa.
LXIII.
Aristóteles ofrece el ejemplo más eminente de lo primero; pues corrompió la filosofía natural con la lógica —formando así el mundo de las categorías, asignando al alma humana, la más noble de las sustancias, un género determinado por palabras de operación secundaria, tratando de la densidad y la rareza (por las cuales los cuerpos ocupan un espacio mayor o menor), mediante las frígidas distinciones de acto y potencia, afirmando que había un movimiento peculiar y propio en todos los cuerpos, y que si participaban en algún otro movimiento, se debía a una causa motriz externa, e impuso innumerables distinciones arbitrarias sobre la naturaleza de las cosas; estando en todas partes más preocupado por las definiciones en la enseñanza y por la precisión de la formulación de sus proposiciones, que por la verdad interna de las cosas.
Y esto se demuestra mejor mediante la comparación de su filosofía con las demás de mayor reputación entre los griegos. Pues las partes similares de Anaxágoras, los átomos de Leucipo y Demócrito, el cielo y la tierra de Parménides, la discordia y la concordia de Empédocles,26 la resolución de los cuerpos en la naturaleza común del fuego y su condensación según Heráclito, muestran cierto toque de filosofía natural, de la naturaleza de las cosas y de la experimentación; mientras que la física de Aristóteles son meros términos lógicos, y remodeló el mismo tema en su metafísica bajo un título más imponente, y más como realista que como nominalista.