tanto, absorben agua u otros líquidos, y se deshacen del aire. El azúcar, o una esponja, sumergidos en agua o vino, y aunque parte de ellos esté fuera del agua o del vino, y a cierta altura sobre él, aun así los absorberán gradualmente.152
De ahí se deriva una regla excelente para la apertura y disolución de los cuerpos; pues (por no hablar de las aguas corrosivas y fuertes, que se abren paso a la fuerza) si se puede encontrar un cuerpo que esté más adaptado, sea más afín y amigable con un sólido dado que aquel con el cual está unido por alguna necesidad, el sólido dado se abre y disuelve inmediatamente para recibir al primero, y excluye o elimina al segundo.153
Tampoco se limita el efecto o poder de este movimiento al contacto, pues la energía eléctrica (de la que Gilbert y otros después de él han contado tantas fábulas) es únicamente la energía excitada en un cuerpo por una fricción suave, y que no soporta el aire, sino que prefiere alguna sustancia tangible si la hay a mano.
Sea el séptimo el que denominamos movimiento de mayor congregación, por el cual los cuerpos son llevados hacia masas de naturaleza semejante, por ejemplo, los cuerpos pesados hacia la tierra, los ligeros hacia la esfera del cielo.
Las escuelas denominaron a este movimiento natural, mediante una consideración superficial del mismo, debido a que no es producido por ningún agente externo visible, lo cual les hizo considerarlo innato en las sustancias; o tal vez porque no cesa, de lo cual hay poco que sorprenderse, ya que el cielo y la tierra están siempre presentes, mientras que las causas y fuentes de muchos otros movimientos están a veces ausentes y a veces presentes.
Por tanto, llamaron a este perpetuo y propio, porque nunca se interrumpe, sino que tiene lugar instantáneamente cuando los otros se interrumpen, y llamaron a los demás adsciticios.