otro, diferiendo como diferimos de los demás tanto en los primeros principios como en las demostraciones.
Es tiempo por lo tanto de que lleguemos al arte mismo, y a la regla para la interpretación de la naturaleza: hay, sin embargo, todavía algo que no debe pasarse por alto.
Como la intención de este primer libro de aforismos es preparar la mente para comprender, así como para admitir, lo que sigue, debemos ahora, después de haber limpiado, pulido y nivelado su superficie, colocarla en una buena disposición y, por decirlo así, en una actitud benévola hacia nuestras propuestas; dado que los prejuicios en los asuntos nuevos pueden producirse no sólo por la fuerza de las nociones preconcebidas, sino también por una falsa anticipación o expectativa del asunto propuesto.
Por tanto, nos esforzaremos en inducir buenas y correctas opiniones sobre lo que ofrecemos, aunque esto solo sea necesario por el momento, y como si estuviera invertido a interés, hasta que el asunto en sí sea bien comprendido.
CXVI. Primeramente, pues, debemos rogar a los hombres que no supongan que estamos ávidos de fundar ninguna secta filosófica, a la manera de los antiguos griegos, o de algunos modernos, como Telesio, Patricio y Severino.63
Porque ni es esta nuestra intención, ni pensamos que las opiniones abstractas particulares sobre la naturaleza y los principios de las cosas sean de gran importancia para la fortuna de los hombres, siendo como sería fácil revivir muchas teorías antiguas e introducir otras muchas nuevas; como, por ejemplo, se pueden formular muchas hipótesis con respecto a los cielos, diferentes entre sí y, sin embargo, acordes en grado sumo con los fenómenos.