Los seguidores de la magia natural, que lo explican todo por la simpatía y la antipatía, han atribuido poderes falsos y operaciones maravillosos a las cosas mediante conjeturas gratuitas y vanas: y si alguna vez han producido algún efecto, es más maravilloso y novedoso que de verdadero beneficio o utilidad.
En la magia supersticiosa (si es que hemos de decir algo al respecto) debemos observar principalmente que solo existen unos cuantos objetos peculiares y definidos con los que las artes curiosas y supersticiosas han podido, en todas las naciones y épocas, e incluso bajo cualquier religión, ejercitarse y divertirse.
Por lo tanto, pasemos por alto estas cosas. Entre tanto, no podemos extrañarnos de que la falsa noción de abundancia haya ocasionado la escasez.
LXXXVI. La admiración de la humanidad respecto a las artes y las ciencias, que de por sí es bastante simple y casi pueril, ha sido incrementada por la astucia y los artificios de aquellos que han tratado las ciencias y las han transmitido a la posteridad.
Pues nos las proponen y presentan a la vista de tal modo formadas, y por decirlo así enmascaradas, que las hacen pasar por perfectas y completas.
Porque si consideráis su método y sus divisiones, parecen abarcar y comprender todo lo que puede relacionarse con el tema. Y aunque este armazón esté mal rellenado y se asemeje a una vejiga vacía, presenta sin embargo al entendimiento vulgar la forma y la apariencia de una ciencia perfecta.
Los primeros y más antiguos investigadores de la verdad solían, por el contrario, con mayor honestidad y éxito, verter todo el conocimiento que deseaban recoger de la contemplación, y almacenar para su uso, en aforismos, o breves sentencias dispersas inconexas por método alguno, y sin pretender ni profesar la comprensión de arte alguno en su totalidad.