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Aforismos—Libro II Sobre la interpretación de la naturaleza, o el reino del hombre

movimiento externo.

Con respecto al primero, es cierto que hay mayor o menor desidia en los cuerpos tangibles, y una aversión al movimiento; de modo que, a menos que sean excitados, prefieren permanecer contentos con su estado actual antes que colocarse en una mejor posición.

Existen tres medios para romper esta modorra: el calor; el poder activo de un cuerpo semejante; un movimiento vivo y poderoso.

Respecto de la primera, el calor se define, por este motivo, como aquello que separa las sustancias heterogéneas y une las homogéneas; una definición de los peripatéticos de la que Gilbert se burla con razón, al afirmar que es como si alguien definiera al hombre como aquello que siembra trigo y planta viñedos; siendo tan solo una definición deducida a partir de efectos, y esos además parciales. Pero es aún más censurable porque tales efectos no son una propiedad peculiar del calor, sino un mero accidente (pues el frío, como mostraremos más adelante, hace lo mismo), derivado del deseo de las partes homogéneas de unirse; el calor entonces las ayuda a romper con esa desgana que antes contenía su deseo.

En cuanto a la asistencia derivada del poder de un cuerpo semejante, se manifiesta de forma muy conspicua en el imán cuando está armado de acero, pues excita en el acero el poder de adherirse al acero, como sustancia homogénea, al romper el poder del imán la pesadez del acero.

En cuanto a la asistencia del movimiento, se observa en las flechas o puntas de madera, que penetran más profundamente en la madera que si estuvieran provistas de punta de hierro, debido a la similitud de la sustancia, ya que la rapidez del movimiento vence la lentitud de la madera; de cuyos dos últimos experimentos hemos hablado más arriba en el aforismo sobre las instancias clandestinas.154

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