XCVIII. Los cimientos de la experiencia (nuestro único recurso) han fracasado hasta ahora por completo o han sido muy débiles; ni se ha buscado ni se ha amontonado un caudal y acopio de hechos particulares, capaces de informar a la mente o satisfactorios de algún modo.
Por el contrario, los hombres doctos, pero ociosos e indolentes, han acogido meros informes de la experiencia, tradiciones por así decirlo de sueños, como fundamento o confirmación de su filosofía, y no han dudado en concederles el peso de pruebas legítimas. De modo que en filosofía se ha seguido un sistema respecto a la experiencia semejante al de un reino o Estado que dirigiera sus consejos y asuntos según los chismes de los políticos de ciudad y calle, en lugar de atenerse a las cartas e informes de embajadores y mensajeros dignos de crédito.
Nada se investiga con justeza, ni se verifica, anota, pesa o mide en la historia natural; la observación indefinida y vaga produce información falaz e incierta. Si esto parece extraño, o nuestra queja algo demasiado injusta (porque el propio Aristóteles, un hombre tan distinguido y respaldado por la riqueza de un rey tan grande, ha completado una historia precisa de los animales, a la cual otros con mayor diligencia pero menos ruido han hecho contribuciones considerables, y otros nuevamente han compuesto copiosas historias y noticias de plantas, metales y fósiles), ello provendrá de no atender ni comprender suficientemente nuestras observaciones actuales; pues una historia natural compilada por su propia cuenta, y una recopilada para la información de la mente como fundamento para la filosofía, son dos cosas diferentes.
Difieren en varios aspectos, principalmenten en este: la primera contiene únicamente las variedades de las especies naturales sin los experimentos de las artes mecánicas; pues así como en la vida ordinaria el carácter de cada persona, y los sentimientos ocultos de la mente y las pasiones se revelan con mayor claridad cuando son perturbados, del mismo modo