expande por tensión (como por succión en el huevo de vidrio), lucha ansiosamente por restablecerse; mas si se aplica calor, se esfuerza, por el contrario, en dilatarse, y anhela un volumen mayor, pasando y migrando regularmente hacia él, como hacia una nueva forma (según se denomina); ni después de un cierto grado de expansión está ansioso por regresar, a menos que sea invitado a hacerlo mediante la aplicación del frío, que no es en verdad un regreso, sino un cambio nuevo.
Así también el agua, cuando es confinada por compresión, opone resistencia y desea volver a ser como era antes, es decir, más dilatada; pero si sobreviene un frío intenso y continuo, se transforma con facilidad y por propia voluntad en el estado condensado del hielo; y si el frío se prolonga largamente, sin calor intermedio alguno (como en las grutas y cuevas profundas), se convierte en cristal o materia semejante, y jamás recupera su forma.
Sea el quinto el que denominamos movimiento de continuidad. No entendemos por esto la continuidad simple y primaria con cualquier otro