por ciertas diferencias que añadiremos a continuación, tras dar algunas advertencias para evitar la ambigüedad.
El calor sensible es relativo, y se refiere al hombre, no al universo; y con razón se considera meramente el efecto del calor sobre el espíritu animal. Es incluso variable en sí mismo, puesto que un mismo cuerpo (en diferentes estados de sensación) excita la sensación de calor y de frío; esto se muestra en la Inst. 41, Tab. 3.
Tampoco debemos confundir la comunicación del calor, o su naturaleza transitiva, por la cual un cuerpo se calienta ante la aproximación de otro calentado, con la forma del calor; pues una cosa es el calor y otra el calentar. El calor puede excitarse por fricción sin ningún cuerpo calentado previo y, por tanto, el calentar queda excluido de la forma del calor. Aun cuando el calor es excitado por la aproximación de un cuerpo caliente, esto no depende de la forma del calor, sino de otra naturaleza más profunda y común, a saber, la de la asimilación y multiplicación, acerca de la cual debe hacerse una investigación separada.
La noción de fuego es vulgar, y de ninguna utilidad; se compone meramente de la conjunción de calor y luz en cualquier cuerpo, como en la llama ordinaria y las sustancias al rojo vivo.
Por consiguiente, dejando a un lado toda ambigüedad, debemos considerar por último las verdaderas diferencias que limitan el movimiento y hacen de él la forma del calor.
I. La primera diferencia es que el calor es un movimiento expansivo, por el cual el cuerpo se esfuerza en dilatarse y en ocupar un espacio mayor que antes. Esta diferencia se observa principalmente en la llama, donde el humo o espeso vapor se dilata claramente y estalla en llama.
También se manifiesta en todos los líquidos hirvientes, los cuales se hinchan, ascienden y bullen a la vista, y el proceso de expansión es