poner término a la filosofía natural que generarla o crearla. Podemos, por tanto, abrigar esperanzas de mejores resultados a partir de una filosofía natural pura y sin mezcla.
XCVII. Todavía no se ha encontrado a nadie dotado de la firmeza y severidad suficientes para decidirse y emprender la tarea de abolir por completo las teorías y nociones comunes, y aplicar la mente de nuevo, una vez así despejada y nivelada, a las investigaciones particulares; de ahí que nuestro razonamiento humano sea un mero fárrago y una masa cruda compuesta de una gran dosis de credulidad y de azar, y de las nociones pueriles que contrajo originalmente.
Pero si un hombre de edad madura, sentidos no predispuestos y mente clara, se dedicara de nuevo a la experiencia y a los particulares, podríamos esperar mucho más de semejante hombre; en cuyo respecto nos prometemos la fortuna de Alejandro Magno, y que nadie nos acuse de vanidad hasta que haya