puede corregir fácilmente el error con su propia vista; del mismo modo concluyan los hombres que muchos experimentos de la historia natural pueden ser creídos y admitidos erróneamente, los cuales se borran y rechazan fácilmente después, mediante el descubrimiento de causas y axiomas.
Sin embargo, es verdad que si estos errores en la historia natural y en los experimentos llegan a ser grandes, frecuentes y continuados, no pueden ser corregidos ni enmendados por ninguna destreza del ingenio o del arte.
Si pues, aun en nuestra historia natural, bien examinada y compilada con tal diligencia, rigor y (por decirlo así) escrúpulos reverenciales, hay de vez en cuando algo falso y erróneo en los detalles, ¿qué debemos decir de la historia natural común, que es tan negligente y descuidada si se compara con la nuestra? ¿O de los sistemas de filosofía y de las ciencias, basados en un suelo tan movedizo (o más bien arena movediza)? Que nadie, por tanto, se alarme por tales observaciones.
CXIX. Además, nuestra historia y nuestros experimentos contendrán muchas cosas ligeras y comunes, viles y vulgares, demasiado refinadas y meramente especulativas, y, por decirlo así, inútiles; y esto tal vez pueda desviar y alejar la atención de la humanidad.
Por lo que se refiere a lo común; reflexionen los hombres sobre el hecho de que hasta ahora se han acostumbrado a no hacer otra cosa que referir y adaptar las causas de las cosas de rara ocurrencia a las de las que ocurren con mayor frecuencia, sin investigación alguna de las causas de estas últimas, dándolas por sentadas y admitidas.
Por tanto, no investigan las causas de la gravedad, la rotación de los cuerpos celestes, el calor, el frío, la luz, la dureza, la blandura, la rareza, la densidad, la fluidez, la solidez, la animación, la inanimación, la similitud, la diferencia, la formación orgánica, sino que, dándolas por evidentes, manifiestas y admitidas, disputan y deciden sobre otros asuntos de aparición menos frecuente y familiar.