El confinamiento del movimiento de la congregación menor, que surge del poder del cuerpo predominante, se muestra en la descomposición de la sangre y la orina por el frío. Pues mientras estas sustancias estén llenas del espíritu activo, que regula y refrena cada una de sus partes componentes, como gobernante predominante del todo, las diversas partes no se juntan separadamente debido al freno; mas tan pronto como ese espíritu se ha evaporado, o ha sido sofocado por el frío, entonces las partes descompuestas se unen, de acuerdo con su deseo natural.
De ahí sucede que todos los cuerpos que contienen un espíritu acre (como las sales y similares) perduran sin descomposición, debido al poder permanente y duradero del espíritu predominante e imperioso.
El confinamiento del movimiento de la congregación menor, que surge del movimiento externo, es muy evidente en aquella agitación de los cuerpos que los preserva de la putrefacción.
Pues toda putrefacción depende de la congregación de las partes homogéneas, de donde, por grados,