escuchado el relato, el cual tiene el propósito de frenar la vanidad.
Porque Esquines habló así de Alejandro y de sus hazañas:
“No vivimos la vida de los mortales, sino que hemos nacido en tal época que la posteridad relatará y proclamará nuestros prodigios”;
como si considerara milagrosas las hazañas de Alejandro.
Pero en edades posteriores60 Livio juzgó mejor el hecho y ha hecho una observación como esta sobre Alejandro: «Que no hizo otra cosa que atreverse a despreciar la insignificancia».
Por tanto, en nuestra opinión, la posteridad juzgará de nosotros que no hemos logrado grandes cosas, sino que tan solo hemos dado menos importancia a lo que se considera valioso; mientras tanto (como ya hemos observado antes) nuestra única esperanza está en la regeneración de las ciencias, levantándolas regularmente sobre los cimientos de la experiencia y construyéndolas de nuevo, lo cual creo que nadie puede atreverse a afirmar que ya se haya hecho o incluso pensado.