mente. Ni las definiciones y explicaciones con las que los hombres cultos suelen defenderse y protegerse en ciertos casos pueden proporcionar un remedio completo; las palabras siguen forzando manifiestamente el entendimiento, lo confunden todo y arrastran a la humanidad a vanas e innumerables controversias y falacias.
XLIV. Por último, hay ídolos que se han infiltrado en la mente de los hombres a partir de los diversos dogmas de los distintos sistemas de filosofía, y también a partir de las reglas pervertidas de la demostración, y a estos los denominamos ídolos del teatro: pues consideramos que todos los sistemas filosóficos aceptados o imaginados hasta el presente son otras tantas obras de teatro representadas y ejecutadas, que crean mundos ficticios y teatrales.
Tampoco hablamos solo de los sistemas presentes, ni de la filosofía y las sectas de los antiguos, ya que aún se pueden componer muchas otras obras de naturaleza similar y hacer que coincidan entre sí, siendo las causas de los