asociaciones de palabras y nombres. Pues los hombres se imaginan que su razón gobierna las palabras, mientras que, en realidad, las palabras reaccionan sobre el entendimiento; y esto ha hecho que la filosofía y las ciencias sean sofísticas e inactivas.
Las palabras se forman generalmente en un sentido popular, y definen las cosas por aquellos rasgos generales que son más obvios para la mente vulgar; pero cuando un entendimiento más agudo o una observación más diligente se anhela en variar esos rasgos, y en adaptarlos con mayor precisión a la naturaleza, las palabras se oponen a ello. De ahí que las grandes y solemnes disputas de los hombres doctos terminen a menudo en controversias sobre palabras y nombres, respecto de los cuales sería mejor (imitando la cautela de los matemáticos) proceder con mayor juicio desde un principio, y llevar tales disputas a un desenlace regular mediante definiciones.
Tales definiciones, sin embargo, no pueden remediar el mal en los objetos naturales y materiales, porque consisten ellas mismas en palabras, y estas palabras producen otras;24 de modo que debemos recurrir necesariamente a los casos particulares, y a su serie y disposición regulares, como mencionaremos cuando lleguemos al modo y esquema de determinar las nociones y los axiomas.
LX. Los ídolos impuestos al entendimiento por medio de las palabras son de dos especies. O bien son nombres de cosas que no tienen existencia (pues así como algunos objetos quedan sin nombre por falta de atención, así también se forman nombres por imaginaciones caprichosas que carecen de objeto), o bien son nombres de objetos reales, pero confusos, mal definidos y abstraídos de las cosas de manera apresurada e irregular.
La Fortuna, el primum mobile, las órbitas planetarias,25 el elemento del fuego y otras ficciones semejantes, que deben su nacimiento a teorías fútiles y falsas, son ejemplos del primer género. Y esta especie de ídolos se elimina